En períodos semi-regulares, vuelvo a leer todos los libros que tengo de “Transmetropolitan”, uno detrás de otro. Lamentablemente, solo tengo los primeros 5, pero espero poder completar la colección pronto. Una de las cosas que más me hace disfrutar las diferentes historias que comprenden estos libros es la búsqueda de la verdad, sin importar que. A pesar de que Spider Jerusalem, el anti-heroe, es básicamente un hijo de puta al cual no le importa nada, su búsqueda de la verdad lo lleva a denunciar todos aquellos males que la sociedad del futuro tiene, pero que igualmente sufrimos nosotros. Sin embargo, recomiendo que lo lean y saquen sus conclusiones Transmetropolitan Vol. 1: Back on the Street .

A pesar de apreciar la búsqueda de la verdad, no es eso lo que desearía comentar how. Hoy simplemente estoy pensando “¿Que es la verdad?”.

La mayor parte de nosotros vive diariamente con un concepto claro y tajante de lo que es la verdad. Para algunos es lo que vemos y sentimos, para otros es un dogma o fe, para otros es ciencia. Sin importar cual sea nuestra fuente de la verdad, todos estamos convencidos de que es la única fuente posible y que probablemente todas las demás este erradas.

Pero aquí va un ejemplo. Todos seguramente estarán de acuerdo que una rosa roja es de color rojo. Sin embargo, para una persona incapaz de ver los colores, esto no es cierto, dado que para el la rosa puede ser verdosa, o rosada, o cualquier otra cosa. ¿Quien tiene la razón? ¿Cuál es la verdad sobre la rosa?
Una de las discusiones más básicas de todo pensamiento filosófico es la percepción de la realidad. Innumerables, y por supuesto imposibles de recordar, filósofos han puesto esta pregunta en el tapete, y evidentemente ninguno ha dado con la respuesta definitiva. Ninguno ha podido encontrar la verdad sobre el problema de la percepción.

Quizás el problema esta en que todos tendemos a interpretar la verdad según nuestra percepción del entorno, y según nuestra fe. Y es en la fe donde descansa el problema. La fe la utilizamos para tratar de aliviar el problema que nos presenta el hecho de que nuestros sentidos son limitados. Volviendo a la persona incapaz de ver los colores, esta utiliza su fe al aceptar que la rosa que él ve de cualquier otro color es en realidad roja. Esta aceptación esta tan en contra de su percepción natural que la única manera de aceptarla es teniendo fe en la palabra de la persona con la mayor percepción, del iluminado.

Sin embargo, el iluminado puede estar equivocado. O puede ser tan incapaz de ver los colores como cualquier otro, simplemente, tiene fe de que su percepción es más correcta, y no solo eso, que tiene que difundir su percepción a otros, para llevarlos a su mismo estado de iluminación. O para aprovecharse de ellos. O una combinación de ambas cosas.

En cierto modo, toda religión implica ese tipo de cosas, sin embargo, hay un detalle que pocas veces había pensado y que me llevo a esto. Para aceptar la religión, el primer paso es aceptar que tu percepción es incompleta. Tienes que aceptar que tus sentidos te pueden engañar, que lo que ves, hueles, oyes, saboreas y sientes es solo una parte incompleta de la realidad. Esto pareciera muy común, dado que probablemente el 99.99 % de la población humana cree en esto. Es posible que se deba a un miedo original a aquellas cosas que no conocemos, y a una necesidad de superar esta limitación para poder sobrevivir. Pero en vez de tratar de superar la limitación, resulta más sencillo seguir a aquel que afirma con seguridad haberla superado. Y así muchos van por la vida siguiendo la luz invisible de alguien que probablemente es tan ciego como nosotros.

Una nota interesante es el concepto de iluminación. Evidentemente, proviene del hecho que la vista es el órgano más importante para el hombre, ya que le permite navegar su espacio. Sin embargo, el sexo masculino esta mas orientado hacia los fenómenos visuales que el femenino, por lo que dado que la mayor parte de las religiones tienen un sentido masculino, la mayor parte de las metáforas de realidad extendida estan basadas en la vista. Seria interesante tener una religión en donde las revelaciones vienen de sonidos, u olores, o sabores, o el tacto. Solo para variar, en vez de ver la luz, oír la verdad, o saborear la realidad, u oler la revelación, o tocar la revelación.

Toda discusión sobre verdad, realidad y percepción, esta destinada a ser infructuosa y frustrante. Pero lo importante es tener la discusión, hacer que las palabras fluyan y utilizar el método de comunicación para tratar de que el mensaje se mueva. De esa manera, es posible que alguien algún día pueda disfrutar de una realidad aumentada. O quizás no.

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“Transmetropolitan”. Copyright Warren Ellis y Darick Robertson 1997, 1998.