Paso la mayor parte de mi tiempo solo. Evidentemente, tengo esposa, perro, amigos y todo lo demás, pero lo cierto es que paso la mayor parte del tiempo solo con mis pensamientos. Por ejemplo, en un día típico de trabajo, primero estoy dormido de 6 a 8 horas, después me tardo como 3 horas yendo y viniendo del trabajo, ya son de 9 a 11 horas, y si tomamos en cuenta que 4 de 8 horas del trabajo tengo que estar concentrado sin comunicarme con nadie para poder aspirar avanzar en las tareas que tengo pendiente, paso entre un 50 y un 75 % de mi tiempo a solas.

Lo cual imagino que será lo común para mucha gente, excepto quizás ejecutivos de ventas, pero mucho de su contacto social es tan artificial que no debería contar. Sin embargo, si preguntáramos a 100 personas si se sienten solas en el día a día, probablemente 90 dirían que no, y las otras 10 quizás mentirían concientemente y también dirían no.

Hay un estigma en la sociedad moderna sobre la soledad. Por donde sea que se mira, lo aceptable es estar rodeados de gente, comunicados por teléfono, e-mail, sms, etc. Se enfatiza lo mucho que se disfrutan las fiestas, las conversaciones, los grupos. Incluso aquellos que por elección o por accidente son distintos tratan de buscar a los que comparten su diferencia para poder tener un sentido de sociedad. Por la misma vía se transforman en anormales sociales a aquellos que traten de mantenerse al margen, de vivir su vida con el menor contacto posible con otra gente. Es todo una ilusión.

Una de las herramientas que preserva esta ilusión, a mi parecer, es el teléfono celular. Más que Internet y otros medios, el celular permite el contacto constante, sin importar donde, con aquellos que componen tu grupo social. En cualquier momento puedes enviar un mensaje, recibir una llamada, hablar con quien quieras. Evidentemente, esto mantiene una ilusión de comunidad constante que sirve para mitigar el sentimiento permanente que estamos solos. Porque lo estamos, como siempre lo hemos estado a través de la historia de la humanidad. Sin embargo, es quizás solo ahora que este sentimiento ha tratado de ser suprimido a tal escala, y es ahora cuando hay tantas herramientas que permiten mantener la ilusión de que es posible acabar con la sensación de soledad.

Varios filósofos de diferentes eras plantean como paradigma esencial de su pensamiento el aislamiento como el camino a para poder descubrir la esencia de la realidad y la experiencia humana. Muchas historias épicas plantean la búsqueda solitaria del héroe, removido de sus amigos y parientes, para poder cumplir sus objetivos. Esta remoción se hace indispensable, ya que es en la absoluta soledad es que puedes descubrir el verdadero significado del “todo”, dado que se elimina el ruido de fondo generado por la presencia de otros. Sin embargo, hoy en día son pocas las historias de verdaderos solitarios, ya que solo se enfatiza la interacción de grupo como la mejor forma de obtener la experiencia completa de ser humano.

A pesar de que moleste a muchos, la soledad es una necesidad para poder tener un desarrollo completo del “yo” con independencia real. Mientras estemos rodeados de gente, seremos influenciados continuamente por sus experiencias y opiniones, incluso hasta llegar a tener una personalidad que no puede ser diferenciada de la de los demás.
Obviamente nadie admite eso, dado que la necesidad de mantener al individuo prevalece, pero el ruido es demasiado fuerte a veces, y la necesidad de pertenecer nos lleva a cambiar todo lo posible para evitar la exclusión. Casi siempre se vive en la dicotomía de ser un ser social con un ego fuerte. Muchos sobreviven, muchos no.

Personalmente, yo prefiero mis momentos a solas. Así puedo reiniciar mis ideas, concentrarme en el próximo paso, o simplemente separar la paja del grano de toda mi experiencia acumulada. Los momentos de soledad absoluta son raros, por eso trato de aprovechar los momentos de soledad relativa que me ofrecen todos los días. Reflexionar, pensar, evolucionar, eso es lo que nos hace humanos. Lo demás es simplemente comportamiento instintivo.